Un ranchero de Kansas que se enamoró de Durango y testó su fortuna para los niños que más lo necesitan.


George Raymond Bell nació el 26 de septiembre de 1882 en Great Bend, Kansas. Su actividad en un rancho de Oklahoma lo llevó a viajar a Nuevo México y como destino final la ciudad de Durango, a donde llegó en abril de 1902.
Trabajó con un tío suyo en la hacienda San Juan de Michis y más tarde en otra hacienda en Sabinas, Coahuila. Al inicio de la Revolución se fue a Estados Unidos con su esposa Helen Bush y su hijo.
En 1912 regresó a México dedicándose a la compra de ganado para exportación. En 1936 adquirió el título de la Hacienda de Atotonilco. Después de radicar la mayor parte de su vida en Durango, se nacionalizó mexicano a los 67 años.
En enero de 1961 hizo su testamento, expresando su deseo de dejar su dinero para una fundación destinada a “proporcionar servicios de rehabilitación a los niños lisiados, con preferencia a los niños del estado de Durango”. Falleció el 15 de septiembre de ese mismo año.
Mejorar las condiciones de salud en la población infantil, a través de consultas médicas de especialidad y rehabilitación con preferencia a familias de escasos recursos económicos.
Ser una institución reconocida por el Estado y la Sociedad por su compromiso y profesionalismo, que brinde ayuda en el área de salud y apoyo asistencial para la población infantil con el fin de que tengan igualdad de oportunidades.
Cinco principios que guían cada decisión, cada atención y cada relación dentro de la Fundación.
George Raymond Bell nace en Great Bend, Kansas, EUA.
Raymond Bell llega a Durango y trabaja en la Hacienda San Juan de Michis.
Tras la Revolución, regresa y se dedica a la compra y exportación de ganado.
El título de la Hacienda de Atotonilco pasa a favor de la familia Bell.
Raymond Bell testa su fortuna para crear una fundación de rehabilitación infantil.
La Fundación Raymond Bell queda legalmente constituida como I.A.P.
Se inaugura el centro médico por el Gobernador Ing. Alejandro Páez Urquidi.
La fundación continúa transformando la salud de la niñez duranguense.

Cada donativo, cada hora de voluntariado, suma a 54 años de legado.